lunes, 4 de diciembre de 2017

Excursión X123: Las Pirámides de la Pedriza

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canto del Berrueco
Final:
 Canto del Berrueco
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 13,6 Km 
Desnivel [+]: 852 m 
Desnivel [--]: 852 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 7

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN

Había visto hace tiempo fotos de unas pirámides existentes en la Pedriza desde no se sabe cuándo, pero hasta ahora no había surgido la oportunidad de programar una ruta para conocerlas.

En un estupendo día, nos dispusimos a ir en su búsqueda, como si de exploradores por Egipto se tratase. Además, el enigma de quién las puso allí y por qué, aún nos animaba más a acercarnos a este misterio.

Aparcamos los coches en la pista forestal cercana al Canto del Berrueco, en la Pedriza Anterior, en la parte oriental de Manzanares El Real. Comenzamos a caminar por esa misma pista, coincidente con el Cordel de Prado Herrero y el antiguo GR-10, en dirección norte, hasta alcanzar un cómodo puente sobre el Arroyo de Santillana, que cruzamos tras pasar por un portón.

Dejado el cordel, continuamos por el Monte de Las Pedrizas, El Rincón y el Jaralón, dejando a nuestra izquierda las Casas del Jaralón, finca que fue adquirida por la Comunidad de Madrid, y donde unas vacas pastan sorprendidas por nuestra presencia, pero que ni se inmutan a nuestro paso. Un poco más adelante, la pista realiza una cerrada curva a la izquierda, la seguimos, dejando a la derecha la que asciende al Collado de la Dehesilla por el Hueco de Coberteros.

Una curva más y unas ruinas de ladrillos a nuestra derecha nos anuncian que estamos cerca de la Gran Cantera de gneis, a la que nos acercamos siguiendo un sendero poco marcado, que enseguida nos deja en la parte superior de la Gran Cantera que sirvió, entre otras cosas, para extraer el granito de las traviesas de la línea ferroviaria Madrid-Irún.

Impresiona contemplar esta gran brecha de unos 10 metros de ancho por unos 15 de alto y de 1 kilómetro de largo. En sus alrededores todavía podemos ver los restos de las construcciones que en su día se usaron para la explotación. Con el abandono de la actividad minera se volvió a los usos tradicionales de los terrenos, principalmente pastos y reservas de agua para el ganado.

Recuperada la pista, continuamos por ella, ascendiendo en dirección suroeste, por el zigzagueante camino, que tras media docena de curvas acaba en una valla con la puerta cerrada a cal y canto, pero que no es necesario cruzar, pues la ruta continua hacia el oeste por una casi inexistente senda que surge a la derecha de la misma, señalizada escasamente por hitos de piedra.

Al poco, llegamos a una alambrada, que sorteamos por su extremo izquierdo, con mejor paso, iniciando desde aquí un ascenso con cierta pendiente, entre rocas que nos ofrecían estupendas vistas y a las que se asomaban un nutrido grupo de cabras que para nuestra sorpresa se dejaron fotografiar sin asustarse.

Conforme ascendemos nos vamos encajonando. Al alcanzar la cumbre del estrecho paso, formado por el Cerro del Jaralón, a nuestra izquierda y otro risco a la derecha, se abre a nuestra vista una gran explanada, al norte de Peñas Sordas, y en la que se ubican las dos pirámides objetivo de nuestra excursión.

Descendemos hacia ellas sorprendiéndonos su altura, de unos dos metros, y su construcción, realizada con multitud de piedras perfectamente encajadas, en forma de pirámide con una base cuadrada de unos tres metros de longitud, integradas en el entorno, ya mágico de por sí, y al que las pirámides añaden un halo de misterio y fascinación, cercano al que debió sentir Napoleón cuando contempló por primera vez las de Egipto.

Tras las inevitables fotos junto a las enigmáticas pirámides, nos marchamos con las mismas incógnitas que traíamos de quién, por qué y cuándo se construyeron. Caminamos en dirección suroeste, ascendiendo de nuevo siguiendo una empinada senda, mucho mejor definida, que deja el Risco del Águila a nuestra derecha, con estupendas vistas del Hueco de Cobertero, la Pedriza Posterior y la Cuerda Larga, y que al poco alcanzaba las Cuatro Damas y la Cara, singulares riscos que al trasluz nos mostraban sus sorprendentes parecidos con las figuras que les dan nombre.

En sus proximidades, nos aposentamos para tomar los merecidos bocadillos y descansar, bajo un reconfortante sol y estupendas vistas del entorno de tan conocidos riscos, reconfortados por saber que ya habíamos ascendiendo prácticamente todo lo previsto y que en adelante solo quedaba bajar.

Pensando en ello, nos ponemos de nuevo en marcha, enlazando enseguida con el PR-M1, coincidente en este tramo con la Senda Maeso, por la que continuamos, a nuestra izquierda, en dirección suroeste, pasando cerca del Dromedario y el Acebo a la izquierda, dejando los imponentes riscos de los Fantasmas a la derecha.

Continuamos el divertido descenso, ya en dirección sur, sin hacer caso a dos sendas que nos salen a la derecha y que en ambos casos conducen al Yelmo. Caminamos entre rocas y riscos de curiosos nombres: La Caperucita, Arco de Cuchilleros, Risco Cinco Fisuras, el Caracolete, Risco de los Marte y Risco de los Lunes. Y es al pasar junto a estos últimos cuando la senda presenta mayor dificultad, con descensos entre grandes rocas en los que es obligado extremar la precaución.

Alcanzada la Gran Cañada, reagrupación y breve descanso para acometer el último tramo de la ruta, mucho más asequible que todo lo recorrido hasta ahora. Seguimos para ello, en dirección este, por el nuevo trazado del GR-10, casi plano hasta alcanzar el Collado del Avispadero, donde vemos a nuestra izquierda a dos escaladores intentando alcanzar la cima de Peñas Cagadas , mientras unos buitres las sobrevuelan, no sabemos con qué malas intenciones.

Desde el collado iniciamos un nuevo descenso, de fuerte pendiente, hasta alcanzar el Arroyo del Recuenco, nuestra menor cota del día, iniciando desde él un repecho que pasa junto a un colmenar, cerrado por un muro y una puerta en la que el cartel de “Precaución Abejas” es suficientemente intimidatorio como para darle de lado.

Llegados a las proximidades del Arroyo de Santillana, nos desviamos a la izquierda para acercarnos a ver la Raja de los Aljibes, desconocida para algunos de los componentes del grupo y que a pesar de hallarse a solo 130 metros de GR-10, es poco mencionada en los habituales puntos de interés que marcan guías y mapas.

En realidad es una cantera ya abandonada que surtió de materia prima las necesidades pétreas de la capital, especialmente las relacionadas con las obras públicas durante el siglo XIX y principios del XX. La enorme grieta abierta en la montaña está bastante escondida entre la vegetación, por lo que para aproximarnos a ella hay que hacerlo con mucho cuidado.

La cantera fue explotada a cielo abierto, tiene casi 400 metros de longitud, dividida en dos tramos, con una orientación este-oeste y estuvo dedicada a la extracción de lamprófidos o lamprófiros , un mineral granitoide que aparece en filones, siguiendo un trazado horizontal, ya que en su formación el magma terrestre ascendió a la superficie a través de fallas.

En algunos de sus puntos alcanza los 30 metros de profundidad y apenas diez de anchura en sus partes más amplias. Esto crea una morfología encajada e incidida que hacen las delicias de los escaladores en verano.

El primer tramo de la raja tiene un acceso más fácil que el segundo, en el que hay que bajar un muro de unos 3 metros, con cuidado de no caer en las zarzas de enfrente, o al cortado, bastante profundo, del otro lado de la brecha. La ayuda de un tronco, unas cuerdas y unas agarraderas de hierro, recientemente instaladas, nos facilitan el paso.

La gran grieta fue horadada a base de dinamita para obtener el lamprófido, cuya característica principal radica en que su composición es máfica y ultrapotásica, rica en minerales ferromagnesicos (máficos) tales como el piroxeno, anfíbol y la biotita, que le aporta su característico color negro.

El primer uso que tuvo durante el periodo de explotación de la cantera, fue el emplear la piedra como bordillos y adoquines para Madrid y los pueblos de los alrededores. Sin embargo, dada la dureza y la dificultad de dicho mineral para ser trabajado, se optó finalmente por machacarlo y utilizarlo como pavimento bituminoso.

Una vez agotado el filón de esta Grieta, se inició la búsqueda de otros filones por las inmediaciones de la cantera. El gran filón sustituto se encontró en la cantera El Jaralón que visitamos al comienzo de la ruta, situado a 1,6 km de ésta, con la misma orientación pero de unas dimensiones ciclópeas.

Tras visitar la Raja, descendemos abriéndonos paso entre las jaras, continuando por el GR-10 hacia el Canto del Berrueco, vadeando el Arroyo de Santillana. Esta zona cuenta con un importante patrimonio arqueológico.

Por una parte, el de la cueva El Abrigo de Los Aljibes, que tiene pinturas rupestres fechadas en el Bronce Final (1400-1200 a.C.) y fueron descubiertas en 1989. Las pinturas se encuentran en buen estado de conservación y para protegerlas se han instalado unas rejas a la entrada. Actualmente, no está abierta al público. La cueva es una pequeña oquedad natural de 6 metros de profundidad, 2 de anchura máxima y 1,50 de altura máxima. En este vídeo se puede ver por dentro.

Y por otra parte, situado en la misma finca, está el asentamiento del Cancho del Confesionario, en el que se han encontrado restos de un poblado visigodo, excavado en 1968, y fechado en los siglos VI-VII. Su función era defensiva y estuvo dedicado a la ganadería y el pastoreo.

Al llegar de nuevo al Cordel de Prado Herrero, pasamos junto al Canto del Berrueco, que más parece una muela puesta al revés, y a los pocos metros alcanzamos el aparcamiento donde habíamos dejado los coches, dando así por terminada esta bonita excursión de parajes enigmáticos y sorprendentes, que se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS
Fotos de Carlos Beltrán

martes, 28 de noviembre de 2017

Excursión X122: Castañar de El Tiemblo - Pozo de la Nieve - Alto del Mirlo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Castañar de El Tiemblo
Final: 
Castañar de El Tiemblo
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 12,8 Km 
Desnivel [+]: 772 m 
Desnivel [--]: 772 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4,5
Participantes: 9

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Iniciamos la ruta en el aparcamiento del área recreativa El Regajo, siguiendo, en dirección suroeste, la ribera derecha de un arroyo hasta cruzarlo por un puente de madera, momento en que giramos, en dirección noroeste, hacia el refugio de Majalvilla, la capilla sixtina de los refugios, por lo decorado que está, y junto a él, visita obligada al castaño centenario El Abuelo, donde nos hicimos múltiples fotos. 

Continuamos, en agradable paseo entre robles y castaños, remontando la ribera derecha del arroyo de la Yedra, hasta alcanzar el puente de madera sobre el mismo, que cruzamos, comenzando desde allí el ascenso al Portacho del Pozo, pasando antes por la Fuente del arroyo San Jurdón. 

En el Portacho del Pozo disfrutamos de las bonitas vistas del valle del arroyo Casillas, continuando después hasta el cercano Pozo de la Nieve y, utilizado antaño para guardar el hielo y que es visitable, así como su refugio anexo. 

Proseguimos la ascensión parando a reponer fuerzas poco ates de llagar a la base del Alto de Mirlo, al que subimos después siguiendo una desdibujada senda marcada por hitos que con fuerte pendiente para salvar la prominencia de 301 metros hasta alcanzar la cumbre del Pico del Mirlo, también llamado Casillas o El Travies, situada a 1768 metros de altura, perteneciente al extremo este de la Sierra de Gredos, que forma parte del Sistema Central y es límite de las provincias de Ávila y Madrid. 

Tras las pertinentes fotos, apremiadas por el frío y la niebla que se instaló en la cima nada más llegar a ella, descendimos por la cresta sureste, próximos a la valla de separación de fronteras provinciales, para girar a la izquierda hasta encontrar la pista que habíamos dejado. Por ella continuamos, descendiendo por la cuesta del Enebro hasta alcanzar la Cruz del Tornero, un pequeño collado liítrofe con Casillas, la vecina población también cubierta de castaños. 

A partir de este punto descendemos de nuevo por el castañar, plagado de hermosos ejemplares, hasta llegar de nuevo al refugio de Majalvilla, desde el que descendimos al aparcamiento por otro recorrido diferente al empleado en la subida.

La celebración del fin de la ruta lo realizamos en Casa Mariano, en El Tiemblo, donde los judiones y el cochinillo nos ayudó a reponer de inmediato las calorías gastadas en esta bonita excursión otoñal, que bien se merece 4,5 estrellas, y no 5 por haber pillado el castañar una semana más tarde de su mejor momento.
Paco Nieto

lunes, 20 de noviembre de 2017

Excursión X121: Bustarviejo - Mondalindo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Bustarviejo
Final: Bustarviejo

Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 14,7 Km 
Desnivel [+]: 709 m 
Desnivel [--]: 709 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 9

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC

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RESUMEN
Bonita excursión que nos llevó a la cumbre del Mondalindo desde Bustarviejo, en un día que más que otoñal parecía primaveral, con Santiago como nuevo compañero de andaduras, bienvenido.

Quedamos en Bustarviejo, lugar de raigambre pastoril, ya que según parece, Bustar proviene del latín bos-stare («dehesa o pastizal de bueyes»), al igual que «bostar», palabra que sí aparece en el diccionario de la RAE y significa «boyera. Corral o establo donde se recogen los bueyes». El sufijo Viejo se refiere a los remotos orígenes del lugar, con presencia visigoda y romana.

En otros tiempos villa rica y de gran importancia en la zona, fue perdiendo poder y prácticamente fue olvidado por los capitalinos, hasta que fue redescubierto como lugar de veraneo. Precisamente ese «olvido» fue el que le hizo conservar el carácter de pueblo serrano. Sin embargo, en las últimas décadas del s. XX, al igual que en gran parte de la Sierra, se vivió un auge en la construcción de chalés y pisos, esencialmente como segunda residencia.

Por la calle San Sebastián buscamos las últimas casas del pueblo ascendiendo hacia el campo de fútbol, pasando junto a las lagunas que hay cerca del collado, que estaban completamente secas.

Enlazamos con el GR-10.1 a la altura del campo de fútbol, continuando por él hasta alcanzar el manantial de la Gregoria, éste sí con agua, donde nos desviamos a la derecha, en dirección norte, hacia la torre de la Mina. La historia de este yacimiento se remonta a 1417, cuando Juan II de Castilla organizó una expedición a la Sierra de Guadarrama para buscar yacimientos minerales. Después de tres meses, sólo se habían encontrado unos pocos, uno de ellos aquí en Bustarviejo, en la zona hoy conocida como Cuesta de la Plata, donde se descubrió una mina de este material, que estuvo en explotación de forma más o menos continuada hasta finales del siglo XIX, Esta torre, de construcción cilíndrica, muy sencilla, se utilizaba como molino de viento para pulverizar el jaspe.

Tras un breve descanso, visitamos su bocamina y ascendiendo por una senda paralela al arroyo del Valle, nos acercamos al pozo maestro, situado en la planicie más alta de la mina. Continuamos desvíandonos a la derecha para alcanzar de nuevo la senda señalizada que nos llevó al collado Abierto de Hernán García donde nos reagrupamos.

Proseguimos por la Cuerda de las Cabezas, llamada así por por estar formada por tres cimas redondeadas (cabezas): Cabeza Cervunal (1.833 m), la Albardilla (1.662 m) y Cabeza de la Braña (1.776 m). Es una zona rica en pastos y agua como demuestra el hecho de que las parcelas valladas llegan a gran altura, aunque también hay grandes rocas graníticas salpicando las laderas, En ligera pendiente ascendemos hacia la Albardilla, àra descender a continuación un poco por la majada de los Arrieros, donde iniciamos el fuerte ascenso hasta alcanzar el Mondalindo.

El Mondalindo o Cabeza Cervunal (1831 m) es el punto de unión de los términos de Bustarviejo, Valdemanco y Garganta de los Montes. Es una montaña de fácil coronación en casi todas sus posibles ascensiones. Sin embargo, al sur está parapetado por un espolón de inclinada caída meridional en forma de llamativos roquedos, conocido como Cancho del Mondalindo.

En el Libro de la Montería de Alfonso XI, de principios del siglo XIV, ya es citada con el nombre de Peña de Muño Linda. También la encontramos en una oración popular contra las tormentas:
Virgen del Espinar
llévatelo a Mondalindo
que tiene buen costillar
También existe una leyenda sobre un supuesto tesoro escondido en las entrañas de la montaña:
Mondalindo, lindo, lindo,
quien te vea te desea;
quién cogiera la moneda
que debajo de ti queda
Después de deleitarnos contemplando las maravillosas vistas desde esta cima, iniciamos el descenso, en dirección sureste, por una fuerte pendiente, hacia precisamente el Cancho del Mondalindo, donde paramos a contemplar una floración circular de cuarzo, proseguimos en dirección oeste por la zigzagueante senda que rápidamente va perdiendo altura, pasando por la fuente del Agua Fría y la Peña de las Monjas, un conjunto de rocas graníticas que, desde una cierta perspectiva, parecen tres monjas rezando, dos sentadas y una de pie. La "monja" que está de pie resulta ser una aguja rocosa de más de diez metros de altura.

La senda en ciertos tramos es un verdadero pedregal, que luego da paso a una senda que dejamos a la izquierda para alcanzar un camino que sube a los depósitos del Canal Isabel II y que nosotros seguimos en dirección suroeste hasta alcanzar el GR-10 y la carretera M-610, la de Valdemanco, donde paramos a contemplar la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad, delante de ella se levanta una cruz de piedra de los años 1940, aunque apoyada sobre una base mucho más antigua. También hay dos grandes y piedras que formaban parte del antiguo via crucis en las que se pueden leer unas inscripciones del mismo estilo que las que se encuentran en la ermita del Cristo. En ellas se dice: «Aquí desnudaron al Señor» y «Aquí clavaron al Señor en la cruz».

Tras un breve descanso, continuamos hacia el pueblo, pasando por la ermita del Cristo  en la entrada del pueblo, es una construcción única por estar labrada en la piedra. La entrada está formada por un dintel y unas jambas de piedra, en las que de pueden leer una serie de inscripciones grabadas, además, sobre la entrada se colocaron unas lanchas a modo de toldo o visera, en el que leerse, con más o menos dificultad: «HiZO eSfA ObRA frCO BZA ACΛbOSe AñO 1625» (Hizo esta obra Francisco Baonza acabose año 1625); y en la jamba derecha: «Aq ΛLÇARŌ ē ΛLtO LΛ + i LΛ PUCieROn ē UnΛ PñΛ» (Aquí alzaron en alto la cruz y la pusieron en una peña).


Continuamos por la carretera hasta alcanzar la plaza del Ayuntamiento, con una altitud de 1.222 m, Bustarviejo es el cuarto pueblo más alto de la Sierra Norte y el quinto de la Comunidad de Madrid. Destaca en la plaza la Iglesia de la Purísima Concepción, que es el edificio más antiguo de Bustarviejo, construida sobre un promontorio rocoso en el lugar en el que se levantaba la primitiva iglesia que, a su vez, ocupaba el espacio de otro templo anterior. Sobresalen en ella los cinco contrafuertes de la fachada norte: a la izquierda el medieval, en el centro los dos decimonónicos y a la derecha los dos modernos.

Tras este baño cultural, nos fuimos a celebrar el fin de ruta a uno de los bares y por las buenas vistas de esta ruta, la califico con 4 estrellas.
Paco Nieto

lunes, 13 de noviembre de 2017

Excursión X120: Hayedo de la Pedrosa

.
FICHA TÉCNICA
Inicio: Embalse de Riofrío. Riaza
Final: Embalse de Riofrío. Riaza

Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,7 Km 
Desnivel [+]: 703 m 
Desnivel [--]: 703 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 5

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
El Hayedo de La Pedrosa es uno de esos lugares encantadores, una maravilla que encierra tal belleza que te queda marcado para volver a disfrutar del espectáculo natural que nos ofrece en cuanto sea posible.

Considerado el hermano pequeño del Hayedo de Tejera Negra, del que le separa solo 5 Km en línea recta, no cuenta con restricción de acceso como el citado o el de Montejo, por no estar aún muy masificado, pero que le hace vulnerable, pues a pesar de su belleza y su singularidad, de momento tan sólo ha sido incluido en la Red Natura 2000, como espacio natural de gran valor ecológico.

Para deleitarnos con los colores otoñales de sus hojas, nos acercamos en esta fría mañana a cerca del Km 7 de la carretera SG-112 de Riaza a Majaelrayo, junto al embalse de Riofrío, donde  iniciamos el ascenso siguiendo primero la carretera, para después dejarla a la derecha por el Camino Viejo de Peñalba de la Sierra, en dirección sureste y aunque el sendero está muy claro, las marcas azules hacen que no haya ninguna duda a lo largo del trayecto. Cruzamos poco después el Arroyo de la Tejera y por un rústico puente de palos de madera el de la Quesera, donde nace el río Riaza.

Al alcanzar el Hoyo del Avellano, disfrutamos del paisaje más otoñal de robles y hayas, mezclados en armonía, en un entorno plagado de árboles centenarios, retorcidos, llenos de musgo y líquenes que recuerdan a los bosques de los cuentos de hadas. Es indescriptible la emoción que proporciona contemplar cómo el color de sus hojas cambia de tonos verdosos a tonos dorados y ocres, ofreciéndonos un espectáculo visual de extremada belleza.

El aspecto retorcido se debe a que durante décadas, la principal actividad económica de Riofrío de Riaza, en cuyo término municipal se encuentra el hayedo, fue el torneado de la madera de haya. Hasta 40 tornos activos llegó a tener. Como recuerdo de aquella época queda un torno y algunos ejemplares que adoptaron ese aspecto tortuoso característico al talarlos y brotar después nuevos troncos, adquiriendo un aspecto que nos puede llegar a parecer siniestro, pero que son una delicia para las fotos.

Tras unas cuantas curvas en zigzag, ganamos suficiente altura y salimos a terreno despejado, en el llamado Colladito, desde donde contemplamos la amplia panorámica que se aprecia del hayedo, el valle del río Riaza, el embalse al fondo, el pueblo de Riofrio, Riaza, otros pueblos de la comarca y la planicie segoviana.

Al alcanzar unos riscos, nos sorprendimos al existir en uno de ellos una amplia ventana que permite contemplar los hayedos que arrimados al río Riaza y otros arroyos colindantes remontan la loma occidental del puerto de la Quesera, ofreciéndonos una amalgama de contrastes y colores, que valoramos aún más por ser conscientes de las condiciones climáticas tan extremas a las que están sometidas, no tanto por el frío del invierno, situación a la que las hayas están perfectamente adaptadas, si no por el calor que pudieran llegar a tener que soportar en verano o por la falta de humedad durante periodos de ausencia de lluvias, como ha sido el caso de este seco año.

Al alcanzar el Puerto de la Quesera el fuerte viento se hizo notar, haciendo que la sensación térmica fuese de un frío helador, tanto que para poder tomarnos el tentempié, tuvimos que resguardarnos en la cara sur del puerto, donde protegidos de aire, el frío era mucho más soportable.

Reanudada la marcha, iniciamos el ascenso, en dirección oeste, por una senda que recorre el Lomo de las Caseruelas hasta alcanzar el Collado de Prado Llano, con un viento que estimamos de más de 60 Km/h y que por momentos medio nos tiraba al suelo, y que hacía que nuestras manos, a pesar de llevar doble guante, estuviesen medio congeladas. Solo la contemplación y fotos del espectacular aspecto navideño de los pinos hizo más llevadero la fatigosa subida.

Pero nada de esto hizo que nos amedrantáramos, antes al contrario, aunque no teníamos previsto alcanzar la cumbre del Calamorro de San Benito (1872m), por bordearlo la senda oficial, nosotros continuamos rectos hasta alcanzarla, disfrutando de sus espectaculares vistas de la Cuerda de La Pinilla, Pico del Lobo y Sierra del Ocejón.

Desde la helada cumbre iniciamos el descenso en dirección norte primero y después hacia el oeste hacia el Collado de la Hayuela, más a resguardo del viento, afortunadamente para nosotros, reencontrándonos a los pocos metros con la senda oficial, marcada con señales azules, pasando por un pequeño manantial encharcado antes de alcanzar la pradera del referido collado. Desde ella continuamos en dirección norte hacia el Pinarejo, disfrutando de nuevo de los colores de las hojas de los robles.

Seguimos en fuerte descenso hasta alcanzar la Dehesa del Alcalde, donde nos hicimos la foto de grupo, girando a la derecha para internarnos de nuevo en el bosque, cruzar el Arroyo de la Hayuela, donde se suavizó la pendiente para después cruzar un arroyuelo e iniciar de nuevo el descenso hasta llegar de nuevo al embalse de Riofrío, tras pasar por la amplia pradera de los pinganillos.

Desde la desembocadura del aliviadero del embalse, en el que sorprende unas grandes tuberías, seguimos la carretera hasta alcanzar de nuevo los coches que habíamos dejado al inicio de la excursión.

Para celebrarlo, nos fuimos a tomarnos un estupendo y calentito cocido a Riaza. Por las sensaciones vividas y lo bonito del recorrido, esta ruta bien se merece 4,5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS